02.03.2021

Los fantasmas del Fuerte

Un intento por rescatar del olvido la historia jamás contada del fuerte de Sancti Spiritu.
En Puerto Gaboto, hay una cruz de madera con un nido de hornero, una excavación inconclusa y un ejército de fantasmas de navegantes europeos y aborígenes Chana-Timbúes esperando pacientemente el rescate de su gesta de hace 500 años.

Son pocos, muy pocos los que saben que en aquel lugar se alzó el primer poblado europeo en territorio argentino, que fue de las diez primeras poblaciones de Sudamérica y la primera fundada tierra adentro en todo el continente americano.

El comandante de la primera avanzada por el Paraná, un inglés (para algunos, veneciano) de nombre Sebastian Caboto (para el relato español Gaboto) lo llamó Fuerte de Sancti Spiritu y su olvidada historia es tan sorprendente como atrapante.

Me pregunto por qué misteriosa razón existen ciertos hitos históricos, de enorme trascendencia, que los hombres y mujeres decidieron echar al olvido.

Es así que personajes emblemáticos, decisivos protagonistas de tiempos pasados, lugares resolutivos que hoy carecen de una mínima referencia o hechos cruciales en el devenir de la humanidad, se encuentran apenas expuestos en los libros de historia y, por consiguiente, las nuevas generaciones ignoran su existencia, al menos hasta que cierta literatura, el cine o la televisión deciden rescatarlo del letargo y ponerlos sobre el tapete. Sólo por un tiempo.

Sin duda que la gesta del Fuerte del Espíritu Santo merece largamente ser recuperada del olvido, ya que se conjugan en ella todo lo dicho; desconocidos personajes fundacionales de nuestra América, lugares donde se desarrollaron hechos decisivos, hoy apenas señalizado y una serie de episodios con derivaciones claves para nuestra nación y más aún, para el armado, siempre pendiente, de la verdadera historia universal.

Existen infinidad de cabos sueltos que invitan a imaginar tramas; algunas consecuencias de un inexplicable desinterés y otras de la tergiversación política que suele afectar los acontecimientos vinculados con la conquista. Probablemente cara y seca de la misma moneda.

Vale comenzar con una verdad de perogrullo: pese a los esfuerzos de los cronistas de aquella época en cambiar las cosas, la expedición de Gaboto y de otros tantos conquistadores europeos que llegaron posteriormente a nuestro territorio, fue motorizada en torno al oro y la plata que escondía una montaña, una montaña jamás encontrada. Parte de la leyenda del Rey Blanco.

Sobre este singular monarca de piel blanca y barba y pelo cano, puede decirse que está presente en muchos testimonios incas, pero por no estar alineado con los parámetros históricos oficiales, se prefirió bastardearlo convirtiéndolo en un mito inverosímil de una raza atrasada y afecta a la superchería.

A propósito, no es casual que el Fuerte del Sancti Spiritu se encontrara situado justo en la desembocadura del río Carcarañá, hoy una vía fluvial poco relevante, pero que tiene la potencialidad de ser el único curso transversal desde la zona pre cordillerana, territorio Inca, hasta el mismísimo río Paraná a pocos kilómetros de la salida al Océano Atlántico.

Los hechos:

Según cuentan olvidados libros de historia, el jueves 9 de junio de 1527 sobre la desembocadura del río Carcarañá al Paraná, se erigió el Fuerte de Sancti Spiritu.

A sólo 35 años de la epopeya de Cristóbal Colón y a cinco años del regreso a España de la expedición de Magallanes concluida por Sebastián El Cano, donde se terminó de circunvalar el continente, Sebastián Caboto, un marino de familia que había cruzado con su padre el Océano Atlántico de niño, decidió ingresar por el Río de la Plata (Río de Solís) con el único objetivo de llegar a Tahuantinsuyo, la tierra del Inca. Según se decía, un imperio repleto de oro y plata donde reinaba un barbado monarca de tez blanca.

En realidad, el Capitán General Caboto que pasó a la historia con su apellido castellanizado "Gaboto", no tenía ninguna intención fundacional, tampoco lo movía el afán evangelizador y menos aún la cuestión política, desde Tordesillas en permanente tensión con los Portugueses, esos móviles fueron posteriores.

 Caboto quería enriquecerse y soñaba con fundar su propia empresa naviera, objetivo que terminó logrando muchos años luego en Inglaterra, al fin de su larga y zarandeada existencia de 73 años.

De hecho, la incursión por la zona ribereña, ingresando por el Río de la Plata y luego navegando aguas arribas, por el Paraná, fue una desobediencia de su parte, ya que la carta de autorización del Rey Carlos I de España lo acreditaba para llegar a las Islas de las Especies (Molucas) en Indonesia, pero por el estrecho descubierto años antes por Magallanes, en el extremo sur del continente.

 La versión oficial, a propósito de la decisión de cambiar la ruta, se sustentó en el relato de un marinero. Un grumete, solitario sobreviviente de la malograda expedición de Solís de 1515, que conocía curiosamente, al detalle las grandezas del Incanato. Ese olvidado hombre que vivió entre los nativos casi doce años, muchos de ellos en territorio de la Isla Martín García, se llamaba Francisco Del Puerto, los castellanos lo conocieron como el Lenguaraz y los aborígenes como Uaipo, bien puede afirmarse que fue el primer habitante europeo de nuestro territorio.

Entre los fantasmas de las ruinas del Fuerte se cruzan algunas historias jamás contadas: Una novela de amor entre un cacique y una española que dicen inspiró al propio Shakespeare; la construcción de un bergantín entre aborígenes y europeos; la celebración de la primera misa; la primer cosecha de trigo; el nacimiento de los primeros mestizos; el primer casamiento; la ruta del Imperio Inca sobre el misterioso río de los Caranchos (Carcarañá), hasta la visita de Charles Darwin tras las huellas del gen americano, entre otras tantas olvidadas.

Por Ricardo Dupuy
Fuente: Diario El Litoral

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